Plan de Marketing

Blog sobre actualidad en el mundo del marketing y la comunicación corporativa en el sector retail. Incluye artículos publicados en prensa especializada y textos propios.

Clara Ruiz de Gauna
ecrg@unidadeditorial.es

Pompeya, la mujer de Julio César, no habría podido imaginar nunca que iba a ser la inspiradora de una teoría que perduraría por los siglos de los siglos... Un patricio llamado Publio se enamoró de ella y se coló, disfrazado, en una fiesta que estaba organizada sólo para mujeres. El emperador de Roma se enfureció muchísimo. Parte de su ira recayó sobre su esposa, a quien le dijo iracundo: "No basta con que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo."

Desde entonces, el ser ha ido de la mano del parecer, una unión que ha contribuido a complicar aún más las cosas, especialmente, en el mundo laboral. El problema de la oficina es que muchas personas lo son, pero no lo parecen, lo que supone que es como si no lo fueran; y otras lo parecen, aunque no lo son. En las relaciones profesionales, es muy fácil dejarse seducir por las apariencias. Todos podemos nombrar a varias colegas que han triunfado con rotundidad sin que reunieran una sólida trayectoria académica y cierta inteligencia. Mientras, hombres y mujeres con talento permanecen para siempre agazapados en una esquina.

Puede parecer lógico pensar que el ser es condición indispensable y que el parecer apenas implica un adorno, pero hay que reconocer el mérito de todos aquellos que han llegado alto sólo pareciendo. Desde tiempos de Pompeya, el saber venderse a uno mismo es el primer paso hacia el éxito. Cuando dominas esta técnica, el resto es muy fácil. Siempre habrá otros que alabarán lo que no eres, pero lo pareces.

Según un estudio realizado por la firma Hudson, el 92% de los directivos europeos considera que son excelentes o buenos jefes. El optimismo es muy útil para algunas cosas, pero puede que no deje ver con nitidez la realidad, porque apenas el 67% de los empleados valora de manera positiva las habilidades directivas de sus superiores. Tal vez, ese altísimo porcentaje de ejecutivos este formado realmente por grandes líderes, pero, al menos para la mayoría de los trabajadores, no lo parece.

De todas formas, es mucho más fácil aprender a parecer que aprender a ser. Con algunas clases de marketing de uno mismo y la lectura de libros tipo Mejore su autoestima y diga adiós a los complejos, es posible que lo seamos y que, además, creamos que lo somos. En cambio, el que sólo parece pocas veces es consciente de que no es, por lo que ningún manual será capaz de convertirle en quien no es.

Puede que la mujer del César lo fuera, pero no lo pareciera, mientras otros no lo sean y lo parezcan. Lo que está claro, en cualquier caso, es que la mejor combinación posible es el ser y el parecer. Si tiene que faltar una variable, mejor que falle el parecer.


Expansión, sábado 8 de diciembre de 2007

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